2014/ Marzo/ EconoticiaS/ Edición 94/ Veeduría/ Por: Fabio Ocampo/

La pregunta que recientemente ha hecho el primero de los ministros del medio ambiente, Manuel Rodríguez Becerra, y los ambientalistas del país ¿Por qué el gobierno no explica el escandaloso descenso de Colombia en su desempeño ambiental? ¿Por qué el Estado permite la degradación y mal manejo de los recursos naturales, nuestra mayor riqueza como país?


Estado Acequia Grande. Foto: EconoticiaS

Colombia cayó del puesto 9 al 85 (2012-2014) en el Índice de Desempeño Ambiental (EPI), que presentan cada dos años las universidades de Yale y Columbia y que se ha convertido en punto de referencia del trabajo que cada nación hace con sus recursos naturales. El estudio mide calidad del aire, agua y saneamiento, recursos hídricos, agricultura, bosques, pesca, biodiversidad y hábitat, así como clima y energía.

En total, Colombia obtuvo 50 puntos sobre 100. Con puntajes muy bajos en el tratamiento de la pesca, de los bosques y en aguas residuales, en este último obtuvo apenas 4.6 puntos sobre 100, la mayoría de estas aguas son vertidas a los ríos sin tratamientos adecuados. En estudio reciente el Instituto Humboldt indica que el 50% de las especies de peces de agua dulce de la región Pacífico se encuentran amenazadas, lo mismo sucede con gran parte de las especies maderables nativas.

En el manejo de la pesca y los bosques perdimos respecto a la anterior medición más de 35 puntos sobre 100. En este último influyó la deforestación intensa en regiones como la Amazonia. Según los últimos registros del Ideam, el territorio perdió 295.892 hectáreas de bosque natural durante los años 2011-2012. Equivalentes al 14% del área total del departamento del Valle.

La calificación tampoco fue sobresaliente en el manejo agrícola, cuya expansión ha estado asociada a la tala en regiones como la serranía de San Lucas y la Orinoquia y también, quien lo creyera con la riqueza hídrica que poseemos, en la distribución del agua potable y el saneamiento, en lo que obtuvo apenas 39 puntos sobre 100.

Los mejores puntajes fueron en calidad de aire y biodiversidad. En este último punto es fuerte, básicamente por su posición geográfica, pero poco por su gestión. Es evidente que el departamento del Valle del Cauca también ha contribuido al mal desempeño ambiental del país, ejemplos de ello son la contaminación hídrica asociada al mal funcionamiento de las plantas de tratamiento y por los vertimientos directos, la disminución del hábitat natural de especies silvestres, la deforestación selectiva, pérdida de calidad del suelo, la contaminación atmosférica (quemas de caña), la gestión del riesgo. ¿Podría explicarlo este desempeño la CVC y las autoridades territoriales?

Desempeño ambiental en Tuluá y el estado de la cuenca

A nivel local el desempeño ambiental se puede asociar de manera general con el deterioro paulatino de nuestra calidad ambiental, el ejemplo más notorio de ello lo encontramos en la cuenca del río Tuluá. La inundación de pasado diciembre en la zona urbana nos volvió a notificar la urgencia de tomar medidas para enfrentar el problema de la alta sedimentación que ha colmatado el río desde su cuenca media con ciento de miles de toneladas de metros cúbicos de material de arrastre y que hace literalmente imposible mantener el nivel del cauce en su recorrido urbano, de hecho no alcanzarían los recursos de la administración municipal para su descolmatación cada tres o cuatro meses.

La sedimentación causada se explica por razones naturales como la inestabilidad geológica (fallas, deslizamientos en masa) y alta sismicidad especialmente en la cuenca alta, y también por factores humanos, el conflicto de uso de suelo, la deforestación en las subcuencas afluentes, caso río Nogales y Quebrada la Esmeralda y el establecimiento de infraestructura para tres plantas generadoras y la presa para la acequia Grande, que cambian la dinámica hidrológica y la pendiente natural del río.

Un breve recorrido por el sector de Mateguadua - Puente Zinc, nos muestra un panorama preocupante: La erosión creciente de su franja protectora afecta fincas, la bocatoma del acueducto que ha presentado daños recurrente en los últimos años, la escuela veredal, el Jardín Botánico, el estado de la vía, pero especialmente las grandes volúmenes de material de arrastre y madera (palizadas) que se acumula en el sector de Loma Redonda hasta  la bocatoma de la acequia Grande, material que irremediablemente terminara llenando el cauce en el sector urbano, aumentando día a día el riesgo de inundaciones.

Ya nos lo ha dicho repetidamente el propio río con sus periódicas crecientes, si somos buenos entendedores debemos saber que el actual estado de la cuenca es tal que compromete su sostenibilidad y la permanencia de los servicios ambientales que nos ofrece desde épocas inmemoriales, debemos saber también que es incierta la permanencia en calidad y cantidad del agua como recurso fundamental para la vida y el desarrollo social y económico de nuestro Territorio y que es cada vez más recurrente la amenaza de inundaciones en la zona urbana.

Pero parecen gritos en el desierto el clamor de algunos ciudadanos que lo han advertido a las autoridades ambientales y territoriales en varios cabildos abiertos, en el componente ambiental para el Plan de Desarrollo y en la formulación del Plan de Cuenca, porque sin embargo el desempeño ambiental continúa siendo muy pobre en resultados.

Es indudable que no existe la gobernabilidad y voluntad política necesaria para emprender la recuperación integral de nuestro río tutelar.

Seguramente de continuarse con la pasividad de nuestro gobierno y con la resignación sumisa de la sociedad civil, seremos testigos obligados de nuestra propia desgracia, para entonces ya no necesitaremos de más indicadores de desempeño ambiental y tampoco gobierno a quien preguntarle.

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*El ingeniero Fabio Campo Castañeda es veedor ciudadano del municipio de Tuluá

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